lunes, 13 de octubre de 2025

 


Día 13 Sevilla.

Evita deja caer la idea de quedarnos todo el día en el alojamiento y huevonear.

Sale mi casta de “españó, mu españó” que no se rinde y salimos a la calle a ver cuantos Km andaremos hoy. Lo que si sabemos es que dado que es puente en Andalucía y previendo las manadas de turistas en Catedral y Giralda nos alejamos y vamos a recorrer la zona centro.

Nos atrevemos con el palacio de Pilatos. Soplan 12 € por entrar, pregunto por que es tan caro y me dicen que el lavado de manos está incluido.

Algunos ricachones sabían vivir muy bien y se rodeaban de lujo por doquier. Todavía está en manos de los duques de Medinaceli y en cuanto hay particulares de por medio todo cuesta y mucho. Se fusionan y mezclan los estilos mudéjar, gótico y renacentista.




       La señorita Eva mostrando interés desmesurado por las explicaciones que surgían del teléfono

El fundador fue virrey en Nápoles y se trajo (supongo que robó ya que su rango se lo permitía, muchísimas estatuas y bustos romanos que adornan los jardines).





Cualquier lugar es bueno para poner una bella estatua yacente, sobre todo si es entre rejas.



Las paredes de las habitaciones y los patios están decoradas con azulejos de diferentes diseños que acompañan a los múltiples escudos de armas que les corresponden por los múltiples títulos y apellidos que acumulan.



El Metropol Parasol es una estructura de madera a modo de panal que sin esfuerzo recuerda a unas setas. Se aprecia mejor sabiendo que sustituyó a un gigantesco predial utilizado como parking al aire libre. Tardo 6 años en terminarse.


Un paseo por la calle Sierpes, comercial a mas no poder, pero con historia ya que su nombre se remonta al siglo XV y se refiere a una serpiente que comiase a los niños o eso cuenta la leyenda, nos lleva hasta el hermoso edificio del ayuntamiento y alrededores.

Sevilla es tan taurina que hasta la tierra de las obras tiene el color amarillo del albero (tierra que cubre las plazas de toros).


Aunque cansados, debemos rendir homenaje a los grandes artistas nacidos en esta villa como Murillo y Velázquez. Vamos dejando la poca energía que nos queda en las salas y frente a los cuadros del museo de Bellas Artes de Sevilla. Entre sala y sala me siento y llamo a diferentes restaurantes, mesones, tascas, cantinas, pero todas están llenas. Pareciera que el fin del mundo se acerca y todos quieren irse con la panza llena.

Caminamos en busca de un hueco y llegamos hasta Mesones del Serranito. Decorado con cabezas de toros lidiados en alguna feria y con el lugar que nos estaba esperando.



Aunque no es mi comida preferida, los fritos, hemos disfrutado comiendo y en exceso, aunque la sencillez de los guisos no merecen que pormenorice cada uno de ellos, como es habitual.






Ya de camino para la siesta paramos en un café que nos enteramos que es su primer día. Se nota, no sabían utilizar la cafetera, muy moderna y llena de botones iluminados del que al final ha salido un brebaje con sabor a garbanzo quemado con toques de achicoria del siglo XVI.

Eva no me ha dejado meterme por esta calle por si acaso me “ Perdía”.





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