jueves, 9 de octubre de 2025

 


Día 9 Córdoba:

Lo de patear ciudades empieza a ser “muuuuuu cansao”. 5 ó 6 horas dale que te pego a las patitas, poniendo una delante de la otra con ligeros descansos, ora en un museo, ora en un banquito de la calle.

Primera parada, museo arqueológico de la ciudad que enseña los cambios de la zona desde la edad del bronce, los Iberos, los romanos, los musulmanes y la reconquista.

Estatuillas como el negro de wasap, sarcófagos bellamente tallados, monedas, joyas y en el sótano los restos del circo romano que luego “inculturas posteriores” utilizaron sus mármoles para hacer cal y sus piedras para posteriores construcciones.





Siguiente parada, el museo de Julio Romero de Torres, aquel que y según el pasodoble Pintó a la mujer morena con los ojos de misterio y el alma llena de pena. Puso en sus brazos de bronce la guitarra cantaora.

La primera vez que supe de este pintor fue cuando vi un billete de 100 pesetas y aquella morenaza que había en el envés. A partir de ahí siempre he venerado al pintor que supo ver la belleza en la mujer.




Enfrente, cruzando el patio florido del edificio está el museo de bellas artes, principalmente con pintura religiosa. A destacar la imposibilidad de la postura del “latigante”. Lo que se ve en primer plano es su espalda ¿Como puede tener el cuello tan girado a no ser que sea la niña del exorcista?



No hay como viajar para descubrir curiosidades. Una iglesia que en vez de campanario tiene un palomar. Por cierto que estas ratas voladoras son una plaga en esta ciudad.


Un vinito blanco fresquito de la variedad manzanilla nos obliga a sentarnos y gemir de placer al dar descanso a las piernitas. Una aceitunitas, que harían las delicias de los hermanos herrero acompañan estos sencillos placeres en la plaza de la Corredera.


Dejándonos llevar por la cuesta a bajo, llegamos a La Boca restaurante. Solo delicias bajo una parra enorme que cubre el patio y da frescor al ambiente.



Dos entradas:  Ensalada de Tomate asado, gazpacho y labneh(yogurt) de oveja. Algo que jamás pensé que pudieran combinarse, unos mejillones con chorizo y salsa Kimchee. Asombroso lo bueno que estaba.



De plato fuerte, Eva se pide un escabeche peruano con bonito, brotes verdes y rabanitos sobre una ojota de lechuga.


Me llamó mucho  la albóndiga de buey con tuétano a las brasas, pero no había. Termino decantándome por el Mogote ( cogote del cerdo) cocinado a baja temperatura por 18 horas con manzana asado. La carne era suave y blanda como mantequilla caliente.


El vino merece mención aparte. Una mezcla de uva moscatel y Pedro Ximénez. Pudiera parecer que fuera dulce, pero es seco y fresco. No se filtra, no lleva aditivos ni se añaden levaduras mas allá de las que lleven las uvas. Según cuenta el dueño y estoy de acuerdo, es una embriagadora, fresca y persistente obra de arte.




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