domingo, 5 de octubre de 2025

 


Día 5 Jaén

 

La ciudad construida en la ladera de un monte, de lejos se antoja difícil de caminar.

La diferencia de altura entre la parte baja y alta es considerable. Nos armamos de valor ya que tenemos medalla de oro al turista pertinaz y después de dejar el coche en un parking disuasorio nos enfilamos hacía la parte alta donde se vislumbran las torres y los techos de la catedral.

Los sábados los jienenses deben enfiestarse a base de bien y los domingos el servicio de limpieza no trabaja. Aquí unas muestras de lo sucia que estaba la ciudad a las 11:30 a.m.



La Yaiyan musulmana fue muy importante, lo siguió siendo una vez conquistada por los cristianos dada la cercanía con la frontera del reino de Granada pero comenzó su declive cuando los Reyes Católicos tomaron el reino nazarí.

Los barrios mas altos, los cercanos al castillo, guardan el dibujo y la estrechez de las calles típicas de las medinas musulmanas.



La monumental catedral bien sirve de excusa por si sola  para visitar esta ciudad.

Erigida sobre una catedral gótica que a su vez se construyó sobre una mezquita, presume de gran opulencia y tamaño. En estilos, compiten el barroco y el renacentista dependiendo de la parte que estemos admirando.


Todos los techos están labrados. Una gran cúpula a 50 m. preside el interior de la catedral  acompañada de un órgano monumental.




En los laterales varias capillas compiten en belleza ornamental al punto que de vez en cuando hay que descansar para no sufrir el síndrome de Stendhal.




Detalle de un altar de capilla lateral donde unos frailes chismosos espían a los que comen.

Al ser domingo hemos podido disfrutar de la misa de 12 y de los habitantes jienenses de buen tono que se han dejado ver para la ocasión semanal de lucir las prendas de domingo.

Falta todavía para la hora de la comida que nos las prometíamos muy felices y pasamos ese tiempo en el Palacio de Villardompardo. Este palacio renacentista de enorme extensión, alberga unos baños árabes, exposiciones varias y un museo de arte Naíf.







Todo estaba bien, tranquilo y agradable hasta que llegó una excursión multitudinaria de jubilados ruidosos, gritones y no muy bien educados a los que los vigilantes de cada sala debían llamarles la atención por andar tocando los objetos expuestos.

Huimos con elegancia y sin que se nos note el hambre. Llamamos para reservar en Panaceite y nos dicen que no se reserva, el primero que llega come. Son las 13:45 cuando llegamos y tenemos 5 mesas en lista de espera por delante. Abortamos Panaceite. De camino habíamos visto uno que prometía y estaba vacío. Al llegar se nos cae la esperanza, todas las mesas tienen el cartel de Reservado. Doblamos la esquina y el primero que vemos con espacio nos sentamos. ¡¡¡Aaaaaaggggg!!!. Una hora para servirle a Eva una manitas y mis goyzas vienen fritas, chorreando aceite con olor a morcilla. El colesterol por las nubes con tanto frito.



Otra mala experiencia culinaria por ahora perdemos 3 a 2.

 

 

 

 

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