Día 12 Carmona.
En el pueblo donde hemos dormido las tres ultimas noches, había tanta vida que los 4 jóvenes
del pueblo se han pasado las vísperas de fiesta jugando al billar en el bar del
pueblo toda la noche.
¡¡¡ Vaya Planazo!!!
Lo hemos descubierto al ir a desayunar. Ojeras azuladas y muy gritones para
hablar cuando el lugar era chico y te podían oír susurrando.
Carmona, 10 de la mañana. Dejamos el coche en un parking
vigilado paseamos hasta la info turística. Nos proporcionan un mapita y con
alegría vemos que lo que queremos ver se puede concentrar en una mañana y sin
prisas. ¡¡¡Aleluya!!!
Siguiendo la vía Augusta que los romanos trazaron, hoy es la
calle principal, llegamos a la puerta de Sevilla y su impresionante Alcázar.
Cuando lo romanos llegaron ya llevaba 500 años en pie, los árabes la reforzaron
y amurallaron lo que hoy es el casco histórico de Carmona. Desde las torres del
alcázar se ven los tejados y las casas blancas típicas de la zona, separadas
por sinuosas y estrechas calles.
Desde las torres del alcázar se ven los tejados y las casas blancas típicas de la zona, separadas por sinuosas y estrechas calles así como el resto de cúpulas y campanarios que trufan la ciudad.
La ración de edificios sacros hoy la componen una iglesia y un monasterio.
La iglesia prioral de Santa María de la Asunción la cual iba
a estar ocupada por una boda con señora de mantilla y peineta alta, así que en
un rincón para no molestar y atisbar otro monumental retablo dorado con una
virgen rodeada de rayos plateados.
El convento de Santa Clara es una mezcla de bóveda gótica, techo tallado estilo mudéjar, y otro imponente retablo siguiendo los cánones mas estrictos del barroco sevillano. Hay un claustro de arcos encalados donde una monja ya muy mayor le explicaba a una cuidadora nigeriana que si trabajaba, al final de su vida laboral el gobierno le daría una pensión.
Uno de los tesoros del convento es una colección de trajecitos muy estilo barbie para niñito Jesús.
En una iglesia que no sabemos el nombre nos ha parecido ver un cristo hospitalizado.
Nos atrae una fachada que resulta ser el palacio del Marqués de la Torres, que alberga el museo de la ciudad y en sus cuadras un restaurante. Hacemos una reserva sin saber nada de su carta.
La comida ha sido una gozada tanto por su calidad como por la novedad de los platos.
Entramos con unos bastoncillos de berenjena frita rociada
con salmorejo y miel de caña.
Eva, Flores de alcachofa (alcachofas abiertas como si fueran flores quedando el corazón en el centro) con langostinos al ajillo y virutas de jamón.
Para mi Huevos rotos con rabo de toro, carrillada y alioli , que en realidad era una mayonesa.
Todo con la calificación : Ten points.
Para el postre Torrija de pan brioche con helado de vainilla
y toffe de Baileys.
Otra manzanilla fría para beber y la cuenta ha sido de risa.
El restaurante y su original carta.





















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