Día 25 Cádiz
Para que quede claro, todo el mundo lo vea y nadie se pierda.
En media hora de auto nos plantamos en la “tacita de plata”.
Siempre pensé que el nombre era cursi, Ahora se los dejo como tema de discusión.
La ciudad es bonita, descuidada, atractiva, con olor a
meados. Lo tiene todo, bueno y malo.
Nos tomamos un free tour de los que nunca son free y durante
dos horas y medía una muchacha, Yolanda, nos cuenta historia de la ciudad desde
su fundación, quien ha pasado por ahí y cual es la realidad actual.
No entramos a ningún lugar, eso queda al libre albedrío de
cada quién y a nosotros ya lo que nos sobran son museos, cristos y piedras corroídas
por el tiempo.
La mayoría de la ciudad está construida con lo que ellos
llaman piedra ostionera, una piedra caliza sedimentaria formada por conchas
marinas, siendo muy porosa y conteniendo trazas de moluscos. Sus ventajas son:
muy buen aislante, antihumedad, muy flexible y por tanto resistente a los
terremotos.

Curiosa la catedral y curiosa la historia. La quisieron hacer toda de mármol y terminaron haciéndola de tres materiales diferentes debido a la falta de monetario y a la cara dura del arquitecto.
Los primeros metros son de mármol, siguen con piedra ostionera y terminan con piedra marmórea, parecida al mármol pero que se disuelve con la humedad y de eso en Cádiz sobra.
Durante siglos la ciudad fue muy rica, todo el comercio de
América pasaba por aca. Se nota en las casas de los comerciantes, muchos de
ellos portugueses y que se nota por las farolas, Estas tienen el barco y los
dos cuervos, que forman parte de la bandera de Lisboa.
La ciudad esta rodeada de mar por casi todos lados y son frecuentes las calles que terminan en la bahía o en Atlántico.
A destacar la cantidad de plazas, jardines, estatuas y
monumentos. Algunos mejor tratados que otros.
Aquí un prócer todo cagado por las gaviotas
Aquí un homenaje a la primera constitución de 1812 promulgada por las cortes de Cádiz y donde todos los países de la américa hispana tuvieron representación. Duraron solo 4 años hasta que Fernando VII volvió del destierro y la abolió.
Su malecón tiene un aire al de la Habana.
Y ahora la comida. HORRIBLE. La Taberna de Columela. Mesa lata de unos 25 cm2, taburetes para pericos acostumbrados a dormir sobre sus garras, carta de vinos hecha por un abstemio y la calidad de la comida muy pobre.
Tataki
Albóndigas de chocos (Sepia) y gambas. Aun escarbado con ahínco pudimos encontrar los sabores anunciados.
Ensaladilla columela de gambón al ajillo......una mierda con exceso de mayonesa Helmans.Y llamar gambón a lo que coronaba la ensaladilla hubiera servido si nos encontráramos en Liliput.
Lo único bueno fue la rapidez del servicio que nos permitió salir huyendo y buscar un bar donde dar rienda suelta a la descomposición intestinal.















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